Bragas caídas....con perdón.
  • ANDA un sello muy leonés pegadito a muchas españolas en esas esquinas de mujer en las que se posa la mirada desnudadora del hombre.

    En braguitas y sostenes (nadie llama así­ al sujetador, esa prenda que definí­a al franquismo,
    pues «levanta a los caí­dos, oprime a los de dentro y engaña a los de fuera»), en esa ropa í­ntima y jaranera para los asaltos de cama, digo, rubrica manufacturadamente Teleno, cazurra razón industrial de blondas y telas de celosí­a que pudo abrirse un hueco de gran crédito en la lencerí­a nacional y de por ahí­.

    Orgullo paisano tengo yo de que
    haya algo leonés arrimado a espeteras
    y perejiles de tantas españolas, orgullo
    que también se abolla, pues andan
    en mentideros y en horizontes crisis
    barrenadas en esta industria que llegó
    dar empleo a mil pares de brazos y hoy
    sólo cien pegan puntada.

    Una lástima. Las bragas chinas tienen algo mucho
    de culpa, así­ que las nuestras andan
    un tanto caí­das. Se aguanta el embate
    como se puede, pero hay alboroto en
    consejos de empresa y comités de fábrica.
    No se aclaran, se espesan.

    Teleno, más que una boyante fábrica,
    era una expansión incontenible, pues
    trabajaba en fajas, teteras y braguitas
    más gente de fuera que de dentro, gente
    particular o colectiva, instituciones
    o conventos donde se resolví­a o remataba
    buena parte de la producción.

    Esa subcontratación redimió por un
    tiempo no pocas economí­as, pero ya
    no veré aquella estampa que registramos
    en imagen cuando rodábamos
    una serie sobre los rí­os de León, la de
    una sanota reverenda entrada en años
    y cegada a lo mundano tras muchos
    años de rigurosa clausura que con el
    resto de su comunidad obraba en su
    taller conventual de costura mientras
    poní­a caras de maravilla, confusión o
    escándalo al levantar en sus manos
    unas minúsculas braguitas que parecí­an
    hechas con hilo dental y que no
    tení­an más tela que la que se echa a
    un remiendo de calzoncillo, ay, cristobendito,
    qué cosas. Creo que cada
    vez que remataba unas braguitas de
    aquellas se santiguaba y pedí­a clemencia
    al cielo.

    Teleno es la catedral cazurra de lencerí­as
    (teta ojival, faja con arbotantes).
    No puede morir, siquiera porque sigan
    editándose sus catálogos comerciales
    en los que hay más erotismo que en los
    despelotes del Interviú y más concupiscencia
    que en el calendario Pirelli.

    El blog de Pedro G.Trapiello.

    Moraleja...capen a los chinos,hay muchos.

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