Cuenta John Stuart Mill en su Autobiografía el enfado de su padre cuando le oyó decir que cierto sistema social era válido en teoría, aunque no funcionase en la práctica. Lo que no funciona en la práctica, no es válido en la teoría, le respondíó el padre.
Eso mismo pienso yo del anarcocapitalismo, esa doctrina que pretende privatizarlo todo, incluido el Ejército, la policía y la Justicia, y que está causando furor últimamente entre los blogueros de Red Liberal y los miembros del Instituto Juan de Mariana.
Los anarcocapitalistas construyen tinglados teóricos aparentemente sólidos. Para ellos todo impuesto es un robo, una coacción injustificable. Consideran un imperativo ético la abolición del Estado y desprecian los argumentos utilitaristas. Por eso es difícil rebatirles en el plano teórico, aunque a la hora de la verdad no haya forma de llevar sus ideas a la práctica, y en el caso de que se lograse, no habría forma de mantener un orden estable.
Supongamos que, guiados por el revolucionario Jesús Huerta de Soto, los anarcocapitalistas españoles alcanzan la tierra prometida e instauran su Anarcoarcadia en territorio español. Sin policía ni ejército, la seguridad la proveerían agencias privadas, a quien pagase por el servicio. Habría quien tuviese su ejército privado de mercenarios, que utilizaría para defenderse, pero también ¿ por qué no? para imponer su voluntad por la fuerza. Jesús Polanco presume de tener más abogados en nómina que periodistas. ¿ Qué pasaría el día que quisiese tener más mercenarios que abogados ? ¿ Qué sería de sus competidores ?
¿ Que sería de los que no pudiesen contratar los servicios de una agencia de seguridad ? Pues que no podrían seguir siendo libres, porque en la Anarcoardia, como en el Afganistán postsoviético, como en Somalia o en Haití, en ausencia de instituciones estatales que garanticen el cumplimiento de la Ley; la seguridad y la libertad desaparecerían, y con el tiempo, también la prosperidad, porque en ausencia de seguridad y de certidumbre ¿ quién iba a arriesgarse a hacer grandes inversiones como autopistas o ferrocarriles ?
Donde no hay seguridad, no hay inversión, y donde no hay inversión no hay prosperidad. Si uno tiene dinero para hacer una gran inversión, por ejemplo una autopista, y cree que podría ser rentable, pero teme que otro más fuerte le arrebate el control cuando esté hecha, no hará esa inversión y buscará otro país más seguro.
No se puede confiar la seguridad del país sólo a agencias privadas. Que el Estado tenga el monopolio de la violencia, puede ser peligroso, por eso el liberalismo trata de poner límites y controles a su poder, pero más peligroso sería que esas agencias tuviesen que enfrentarse al ataque de una potencia exterior como Francia o Marruecos. A alguna quizá le sería más rentable venderse a Francia que enfrentarse a ella. Sería muy fácil para Francia sembrar el caos en España desde fuera, a continuación comprar a varias agencias privadas españolas que hiciesen de quinta columna, y después intervenir vendiendo la invasión como una operación de paz para reinstaurar el orden y garantizar la seguridad a ambos lados de la frontera.
También sería probable, en la Anarcoardia, que se desatase una lucha sin cuartel por el poder entre distintos clanes, como pasa en Irak o en Afganistán. Al final alguien acabaría imponiéndose y tomaría el control, al menos de una parte del territorio, donde impondría su tiranía.
Cabe también la posibilidad de que las distintas agencias se fuesen fusionando hasta convertirse en un oligopolio o un monoplio, y en ausencia de controles legales a su poder, instaurasen una dictadura. Por algo decía Locke, que donde quiera que acabe la Ley, allí comienza la tiranía.
Cuenta John Stuart Mill en su Autobiografía el enfado de su padre cuando le oyó decir que cierto sistema social era válido en teoría, aunque no funcionase en la práctica. Lo que no funciona en la práctica, no es válido en la teoría, le respondíó el padre.
Eso mismo pienso yo del anarcocapitalismo, esa doctrina que pretende privatizarlo todo, incluido el Ejército, la policía y la Justicia, y que está causando furor últimamente entre los blogueros de Red Liberal y los miembros del Instituto Juan de Mariana.
Los anarcocapitalistas construyen tinglados teóricos aparentemente sólidos. Para ellos todo impuesto es un robo, una coacción injustificable. Consideran un imperativo ético la abolición del Estado y desprecian los argumentos utilitaristas. Por eso es difícil rebatirles en el plano teórico, aunque a la hora de la verdad no haya forma de llevar sus ideas a la práctica, y en el caso de que se lograse, no habría forma de mantener un orden estable.
Supongamos que, guiados por el revolucionario Jesús Huerta de Soto, los anarcocapitalistas españoles alcanzan la tierra prometida e instauran su Anarcoarcadia en territorio español. Sin policía ni ejército, la seguridad la proveerían agencias privadas, a quien pagase por el servicio. Habría quien tuviese su ejército privado de mercenarios, que utilizaría para defenderse, pero también ¿ por qué no? para imponer su voluntad por la fuerza. Jesús Polanco presume de tener más abogados en nómina que periodistas. ¿ Qué pasaría el día que quisiese tener más mercenarios que abogados ? ¿ Qué sería de sus competidores ?
¿ Que sería de los que no pudiesen contratar los servicios de una agencia de seguridad ? Pues que no podrían seguir siendo libres, porque en la Anarcoardia, como en el Afganistán postsoviético, como en Somalia o en Haití, en ausencia de instituciones estatales que garanticen el cumplimiento de la Ley; la seguridad y la libertad desaparecerían, y con el tiempo, también la prosperidad, porque en ausencia de seguridad y de certidumbre ¿ quién iba a arriesgarse a hacer grandes inversiones como autopistas o ferrocarriles ?
Donde no hay seguridad, no hay inversión, y donde no hay inversión no hay prosperidad. Si uno tiene dinero para hacer una gran inversión, por ejemplo una autopista, y cree que podría ser rentable, pero teme que otro más fuerte le arrebate el control cuando esté hecha, no hará esa inversión y buscará otro país más seguro.
No se puede confiar la seguridad del país sólo a agencias privadas. Que el Estado tenga el monopolio de la violencia, puede ser peligroso, por eso el liberalismo trata de poner límites y controles a su poder, pero más peligroso sería que esas agencias tuviesen que enfrentarse al ataque de una potencia exterior como Francia o Marruecos. A alguna quizá le sería más rentable venderse a Francia que enfrentarse a ella. Sería muy fácil para Francia sembrar el caos en España desde fuera, a continuación comprar a varias agencias privadas españolas que hiciesen de quinta columna, y después intervenir vendiendo la invasión como una operación de paz para reinstaurar el orden y garantizar la seguridad a ambos lados de la frontera.
También sería probable, en la Anarcoardia, que se desatase una lucha sin cuartel por el poder entre distintos clanes, como pasa en Irak o en Afganistán. Al final alguien acabaría imponiéndose y tomaría el control, al menos de una parte del territorio, donde impondría su tiranía.
Cabe también la posibilidad de que las distintas agencias se fuesen fusionando hasta convertirse en un oligopolio o un monoplio, y en ausencia de controles legales a su poder, instaurasen una dictadura. Por algo decía Locke, que donde quiera que acabe la Ley, allí comienza la tiranía.
Alguna vez un ladrón trató de explicarme que me robaba el coche porque estaba muy necesitado, etc, ¿y? Si él tiene la pistola gana. Tener la razón ya es otra cosa, tios.
Lo que sigue lo escribí en otra cadena, pero viene muy al caso.
y eso de que "lo que no funciona el práctica no es válido en la teoría" contiene errores epistemológicos muy graves.
En ciencias sociales las leyes no se validan con datos de la realidad. Estoy hablando de praxeología.
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una idea que sería diferente en anarco-capitalismo:
dominio eminente.
Las agencias privadas de seguridad reconocerían la propiedad que cada individuo tiene sobre su tierra. Y su trabajo es cuidar la tierra del cliente. Y obviamente cada cliente reconocería su propiedad absoluta sobre su tierra.
Hoy la ideología es diferente. El ciudadano común respeta y teme al gobernante. La ideología estatista es tan fuerte -y está escrita el la biblia del gobierno llamada constitución- que los ciudadanos no reclaman cuando el gobierno su derecho de dominio eminente.
Para el ciudadano común negar la autoridad del estado, es como para el creyente negar la existencia de dios.
El asunto importante a preguntarnos es: pueden los ciudadanos llegar a reconocer su propiedad absoluta sobre su tierra? [su casa, su auto, etc]?
En el feudalismo los siervos entendían por ideología religiosa que el rey era el dueño de la tierra. Ahora los ciudadanos comunes entienden que el estado es dueño de las tierras porque así lo dice la biblia-constitución. Hoy 'la sociedad' es el dios supremo. Pero ¿puede el individualismo convertirse en la ideología extensa?
Si esa ideología cambia, cambiarán las reglas de juego y los monopolios territoriales desaparecerían.
No podemos decir que el Estado es la etapa última del desarrollo político.
Los Estados aparecieron, igual que la esclavitud y el feudalismo, en determinadas condiciones ideológicas.
Nuevas ideas van apareciendo.
Hace 400 años nadie había leido nada de libre comercio, nadie entendía claramente que el libre comercio era bueno para todos. Los reyes no tenían asesores economistas [de facto muchos entendían que el libre comerio era bueno, pero no sabían cómo pasaba]. Hoy los reyes y más población entienden que el libre comercio es bueno.
¿Hablaba alguien de anarco-capitalismo hace 70 años?
No.
Rothbard tuvo que aparecer para estructurar la teoría. Pero antes de él nadie se podía explicar porqué la policía y el sistema judicial funcionan tan mal. Rothbard explicó que era por la falta de incentivos económicos. Antes de entender el anarco-capitalismo se necesitaba el desarrollo de la economía como ciencia y de la filosofía política.
Hace 100 años no habían condiciones ideológicas para el anarco-capitalismo. Hoy tal vez aún no las hay, pero en eso estamos.
No se puede asegurar que el anarco-capitalismo degenerará en Estado. O lo que es lo mismo: que el mal prevalecerá sobre el bien, o que los ladrones siempre vencerán.
Todas las tribus humanas y claramente las religiones extensas crearon límites a los ladrones. Los musulmanes, los cristianos, los judíos, ninguno de ellos ha reconocido el robo como correcto. O lo que es lo mismo, todos reconocieron el robo como incorrecto. Si los ciudadanos reconocen que una empresa de seguridad está robando y cometiendo abusos, entonces los ciudadanos pueden organizarse y actuar. Las empresas pacíficas puede entrar en alianzas con otras agencias pacíficas y advertir a sus clientes. Todos podrían organizarse junto a una empresa que los protega de esa empresa ladrona. Una guerra tal vez se desataría entre ambas agencias.
Los individuos que están bajo la protección de la agencia ladrona pronto entenderían que corren peligro bajo tal empresa, porque el gobierno puede robarles todo.
Una empresa que no permite libertad a sus clientes está condenada al fracaso económico.
Y todo esto se daría dentro de un marco ideológico diferente.