LIBERALISMO: Qué es.
  • Dirí­ase que con la teorí­a y la práctica liberales ocurre como con la leyenda del hombre invisible: están y actúan por todas partes, pero son difí­ciles (o casi imposibles) de percibir; o, en cualquier caso, son apenas adivinados, por no decir sospechados. Poco más o menos que de esta guisa puede interpretarse la célebre imagen de la «mano invisible», enunciada y razonada por el economista y filósofo moral Adam Smith en el siglo XIX.

    La metáfora smithiana –la familia de los tropos, en general– no deberí­a entenderse al pie de la letra, lo cual no significa que descripciones de este género haya que tomarlas a broma. La invisibilidad a la que aquí­ nos referimos no puede, obviamente, ser tomada en un sentido literal, tampoco fí­sico o metafí­sico. Su significación conceptual y simbólica apunta, esencialmente, al valor y a la relevancia de la acción espontánea de los individuos en la sociedad. Acción espontánea es sinónimo aquí­ de acción libre y voluntaria, es decir, no dirigida, mediatizada ni intervenida por «instancias superiores» a la propia elección y decisión de las personas, como puedan serlo los gobiernos y los Estados.

    Podrí­a acaso describirse esta acción humana como una suerte de ingenio actuante que se abre paso por su propio esfuerzo y entendimiento; esto es, en la medida en que se le deja hacer y nada ni nadie le impide actuar; un artefacto humano, en suma, no administrado por mentes o entes «privilegiados» instalados en las altas esferas del poder con avidez de planificación y de dominio, lo que convertirí­a al ingenio en genio dominador –maligno o «benigno»/protector, valga la redundancia–, esto es, en Leviatán.

    La mano invisible se atisba más que se percibe, se presiente más que predecirse, se revela más que presumirse. Los efectos que produce son puestos de manifiesto a posteriori, no a priori.

    .../...

    Una sociedad «progresa» cuando fomenta la libertad y la individualidad, no cuando reina en ella, con plenos poderes, la intervención, la subvención, la beneficencia y el monte de piedad. La sociedad avanza sencillamente cuando confí­a en las potencias de sus individuos, y en el momento en que no impide que éstos actúen libre y espontáneamente; es decir, cuando no es amparada ni custodiada perpetuamente:

    «No niego que se pueda tener éxito sin la ayuda de los demás –sostiene Elster a la sazón–, simplemente niego que podamos dar por sentado racionalmente que así­ ocurrirá.»

    Pues bien, verdades tan sencillas y claras como las aquí­ señaladas son sostenidas desde hace mucho tiempo por parte del liberalismo. Pautas de conducta y planteamientos como los referidos son asumidos y aplicados, en efecto, por millones de individuos en cualquier lugar del globo con gran naturalidad, si bien no pocos de aquéllos quedarí­an escandalizados o perplejos (quizás hasta sobrecogidos en su ignorancia o ceguera) si alguien les hiciese ver de manera fácil y eficaz que la justificación de semejante proceder se encuentra en la base de la filosofí­a polí­tica (o antipolí­tica) liberal.

    .../...
  • ¿Cómo explicar la atracción que ejercen aquí­ y allá el estatismo y la planificación social sobre los intelectuales? David Boaz avanza varias respuestas: «En primer lugar, la idea de planificar atrae a los intelectuales porque les agrada tener que analizar y ordenar las cosas. Son diseñadores entusiastas de sistemas y modelos que permiten comparar la realidad con un sistema ideal.» (ibí­dem) Es este tipo de racionalismo perverso –el «racionalismo polí­tico»– el que hemos señalado anteriormente como culpable de enormes confusiones teóricas y prácticas en lo que atañe al recto uso de la razón. El mismo racionalismo obcecado que denunció con suma precisión Karl R. Popper en su clásico La sociedad abierta y sus enemigos.

    Que detrás, o delante, de un tirano siempre ha habido un intelectual orgánico, camarilla o «consejo de sabios» que le aconseja y excita con sus idolas e ideillas, es cosa de sobra sabida. Que junto a un déspota o lí­der demagógico no falte jamás un aparato de propaganda o emporio mediático que dirija sus declaraciones y sus pasos, es evidencia perceptible aquí­ y allá.

    «Existe otro argumento –añade Boaz– para explicar la atracción que ejerce el poder estatal sobre los intelectuales. Thomas Sowell lo llama "visión no restringida del ser humano": el convencimiento de los intelectuales de que no existen lí­mites naturales a la creación de una utopí­a en la tierra.» (pág. 306).

    El intelectual opera generalmente con conceptos e ideas (seamos indulgentes) y nada le resulta más tentador que pretender ver reconocidas y materializadas sus cogitaciones, no importa que incuben «terrorismo de laboratorio» o «soluciones finales» conducentes a la realización (racionalización) del mejor de los mundos posibles. Cuando el sistema concebido por el sabio intelectual no tiene éxito ni reconocimiento, o su eco queda reducido al ámbito del aula universitaria o del congreso corporativo, el nivel de furia y resentimiento resultantes suelen llegar a ser muy estrepitosos.

    «Por último, añadiremos que para muchos intelectuales la visión de la sociedad resulta esencialmente irracional, porque implica el abandono de ésta a su propia suerte.» (pág. 307).

    El intelectual con í­nfulas y aspiraciones –el intelectual comme il faut– se tiene a sí­ mismo por un ente superior muy por encima de los anónimos (invisibles) miembros de la sociedad civil, que le repelen. El dominio que verdaderamente le atrae es el del Estado. El escenario que poderosamente le seduce es el de la subvención y la coacción, no el espacio de la libre iniciativa y la libre concurrencia. En este último territorio es incapaz de adaptarse. Lo que le convierte en sujeto condenado a desaparecer. Los intelectuales odian el sistema capitalista porque les espanta la perspectiva de la competencia, de la superioridad y del mérito ganados con el propio esfuerzo y la propia iniciativa. A semejante horizonte lo denominan «capitalismo salvaje» o «neoliberalismo», entre otras ocurrencias. Sencillamente, lo que les va a los intelectuales progresistas es el despotismo ilustrado, y últimamente, incluso sin ilustrar. A la libertad, le tienen pavor.



    Completo en http://www.nodulo.org/ec/2007/n065p07.htm
  • Publicado por: Cide Hamete... la atracción que ejerce el poder estatal sobre los intelectuales ...

    ... para muchos intelectuales la visión de la sociedad resulta esencialmente irracional, porque implica el abandono de ésta a su propia suerte ...


    Guay : )
  • ¿Y tú me lo preguntas?

    ¡Liberalismo eres tú!
  • Es curioso:

    A mí­ en general me cuesta mucho teorizar así­, en abstracto, sin poner ejemplos: pero digamos que el liberalismo es ante todo sensualidad, para mí­ una ideologí­a no es sensual cuando es impuesta, entonces podemos decir que pierde su encanto, que no es liberal. Durante cierto tiempo estuve pensando, (y me costaba admitirlo) que el catolicismo cuando fue algo impuesto mediante la espada, dejó de ser sensual y liberal. ¡Sí­, es que habí­a muchas sectas! (Habrí­a dicho yo no hace mucho). Sí­, es que el protestantismo atacaba mucho, es que decí­a estupideces peregrinas tales como que la Iglesia debí­a desprenderse de sus joyas arquitectónicas, que habí­an sido el vehí­culo para que el analfabeto (y eran épocas en las que no escaseaba) viera en una imagen lo que no podí­a ver en mil palabras.

    - De acuerdo, pero...

    - Sí­, es que habí­a gentuza que intoxicaba con mentiras miserables sobre el catolicismo, es que la hispanidad y la Reconquista fueron grandes obras, es que era mejor que se impusieran ellos a otras sectas más totalitarias.

    - De acuerdo, pero...

    - Pero... ¿Qué?

    - No era sensual, quizás otros fueran menos sensuales, pero lo que se impone por la fuerza deja de ser sensual. ¿Y dónde dejas mi sentimiento de libertad? ¿Dónde el de aquellos que perecieron (y vieron su libertad arruinada) por el hecho de que se impusiera el catolicismo por la fuerza?

    Igualmente, menos sensual y liberal fue la Revolución Francesa, ¡una gentuza que cometió matanzas masivas cómo va a ser sensual! Ni la Revolución Rusa, ni la República Española ni el Franquismo.

    - Pero (dirí­a un marxista falaz) los rusos podí­an comer.

    - Aunque eso hubiera sido así­, que no lo es, no importa: eso no fue sensual, ¿Y los campos de Kolyma, Solovki, etc.? ¿Dónde dejas mi sentimiento de libertad? ¿Dónde el de aquella chica que fue llevada a esos campos por vestir pantalones vaqueros? ¿Dónde el de aquel campesino al que se acusó de empecedor (saboteador) porque al ser cuidadoso era más lento, o que por ser más rápido era más descuidado? ¿Dónde el de las chicas que fueron violadas por los jerarcas rusos porque (obviamente) no podí­an resistirse? Y lo mismo para la República española y los comunistas.

    Otro ejemplo:

    - No os quejaréis los de Baleares, en Murcia aprendemos sólo el español en la escuela y ahí­ además tenéis el catalán.

    - Ya pero...

    - Pero... ¿Qué?

    - Que no es sensual: para empezar lo que sucede es que a esa gente se le desespañoliza, porque el 100% del horario es en catalán, pero aunque así­ fuera: ¿dónde dejas el sentimiento de libertad del que quiere ser escolarizado en español? ¿Qué hay del elevado í­ndice de fracaso escolar porque no entienden ni papa de catalán? ¿Qué hay del derecho a elegir? ¿Qué hay del derecho a que no se impongan las cosas contra natura? (Y esto lo dice alguien que tiene un nivel bastante aceptable de catalán, modestia aparte). ¿Y qué hay del sentimiento de los muchos que ven en esa imposición una sucia herramienta de opresión, de propaganda bastarda, de penetración a la fuerza del poder polí­tico en la esfera privada del ciudadano? ¿Qué hay del que ve que con esa medida se le aparta de un idioma que además de ser el materno, es el natural y es el mayoritario?

    Así­ pues, el liberalismo serí­a lo sensual, lo que es libremente escogido (sin que sea a base de cosas como arrancar el dedo gordo del pie izquierdo y otras brutalidades que mejor no menciono) la oposición a la imposición. Y la maquinaria estatal que impone esas barbaridades como Kolyma, Solovki o el catalán, con tanquetas, pues no es precisamente sensual...

    Y el franquismo no fue sensual, ni mucho menos, pero sí­ lo fue el alzamiento... ¿Tanto cuesta entender esto?

¡Hola Forastero!

Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!

Acceder con Facebook Acceder con Google Acceder con OpenID

Poll

No poll attached to this discussion.

In this Discussion