De ilusión democrática también vive el elector, denuncia Rousseau, quien no se deja impresionar por las libertades que tanto enorgullecen a los ingleses y dice, en El Contrato Social, que la democracia representativa proporcionaba una libertad meramente ilusoria: "los ingleses se creen libres. Están terriblemente engañados. Son libres cuando eligen a los miembros del Parlamento; en cuanto éstos han sido elegidos, el electorado se esclaviza; no es nada".
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El cerrajero de la causalidad y diplomático de la inducción, David Hume, atraviesa el Canal de la Mancha una noche gélida de enero de 1766, en compañía de un perseguido político y religioso en apuros, Rousseau, al que había ofrecido paradójico refugio en la muy tolerante y para él dudosamente libre Inglaterra.