Qué debemos al cristianismo
  • Qué debemos al cristianismo
    Por Oscar Elí­a Mañú

    http://www.libertaddigital.com/ilustracion_liberal/articulo.php/786

    En la España de 2007, la Ideologí­a cabalga desbocada y la Historia es escrita al margen de la Historia. El cristianismo es la oscuridad, la tiniebla, el fundamentalismo, la violencia, la irracionalidad, la opresión y el temor. En la competición por escribir la Historia a golpe de Ideologí­a, lo mismo vale un concursante de Gran Hermano que un insigne escritor armado de un aristocrático bastón: la nación española, el capitalismo, América, el cristianismo han de ser erradicados.

    En los albores del siglo XXI, dos supuestos extremos se dan la mano: el progresismo cristófobo europeo y el totalitarismo islámico. Ambos anuncian a los cuatro vientos la liberación final y la construcción de un hombre nuevo, a golpes de Educación para la Ciudadaní­a o de mochilas bomba. El primero, entre gritos pacifistas, empuja al continente europeo por el tobogán de la Historia, deleitándose especialmente en la cristofobia, el desprecio, el escarnio hacia los creyentes. Desconoce sin duda el futuro que le espera en manos de los enviados de Alá, y corre y arroja Europa a los brazos del islamismo teocrático.

    Para escándalo del progresismo creyente, para irritación de los islamistas de cabecera, la Historia desde la Historia parece mostrar un panorama diferente. La principal virtud de Cómo la Iglesia construyó la civilización occidental,de Thomas E. Woods, es la virtud de los declarados por la izquierda historiadores malditos: narrar hechos, citar nombres, proporcionar fechas. Si estos datos hablan solos, ¿para qué cubrirlos de ideologí­a? En el rearme histórico liberal-conservador, la llamada a los hechos constituye el contrapunto respecto a la historia abstracta de la izquierda. Es el caso de este libro que Ciudadela brinda ahora al público español.
  • Con el asombro y la energí­a que llamaron la atención de Tocqueville cuando estuvo por tierras americanas, Thomas E. Woods recuerda los pilares cristianos de la civilización occidental. Lo habí­a hecho parcialmente en The Church and the Market (2004), donde recuerda cómo el cristianismo se adelantó en mucho tiempo a Smith o a Hayek en la defensa de las virtudes del libre mercado, con un fundamento humanista. En la presente obra, Woods amplí­a este estudio a la ciencia, la educación, el derecho internacional, y a la base y culminación de todo ello, la democracia y los derechos humanos.

    Con amargura, Woods se lamenta de los mitos cristófobos norteamericanos, especialmente de la visión enferma y enfermiza que se tiene del Medievo. Lo cierto es que, cuando los Estados europeos se dedicaban a la barbarie, la Iglesia atrincheró en sus universidades la filosofí­a, la ciencia, la literatura. Mientras la polí­tica guerreaba, la Iglesia preservaba el legado de Aristóteles, Maimónides o Cicerón. Representaba, en fin, la luz frente a la oscuridad; justo lo contrario de lo que se enseña en las escuelas a los jóvenes norteamericanos y europeos.

    La conclusión última del libro de Woods no está escrita, ni siquiera en el prólogo de monseñor Cañizares: en la clasificación de peligrosos criminales de la Historia, los polí­ticos y los miembros de las intelligentzias ocupan los primeros puestos. Durante siglos, sólo la Iglesia clamó contra las injusticias cometidas por la polí­tica; sólo el poder espiritual clamó contra el poder temporal cuando éste hací­a y deshací­a a su antojo. En el marcador macabro de la Historia, en el tanteo de ví­ctimas inocentes, los polí­ticos ganan a los curas por goleada; a menudo, éstos ni siquiera sobreviví­an para seguir jugando el partido.
  • Durante el siglo XX, en nombre de la libertad internacional, la izquierda observó impávida cómo el Ejercito Rojo arrasaba todo rastro de vida allí­ por donde pasaban sus vehí­culos blindados y sus fuerzas populares. Hoy, los mismos afirman solemnes la necesidad de hacer justicia contra el cristianismo. Pero, como recuerda Woods, la legalidad internacional o los derechos de los nativos preocuparon a Francisco de Vitoria y a Francisco Suárez muchos siglos antes de que, en nombre del derecho internacional o de las Naciones Unidas, se pervirtiesen tales conceptos y se amparara el crimen en Sudán, Corea o Irak. Hoy, mientras organizaciones no gubernamentales y funcionarios onusinos hacen de la solidaridad un negocio, la Iglesia ejerce la caridad en los lugares más remotos del globo; no en vano fue ella, recuerda Woods, quien se adelantó a todos los demás en estas misiones.

    Cómo la Iglesia construyó la civilización occidental hace justicia a una Historia real sepultada bajo una Historia ideal. Ocultos por el affaire Galileo, los nombres de Copérnico, Buridán, Pasteur o Riccioli son tan inseparables de la historia del cristianismo como de la ciencia occidental. Ni la ciencia, ni la sanidad pública ni el concepto esencialmente cristiano de dignidad humana serí­an posibles sin la presencia de Dios en el horizonte, para escándalo de islamistas y progresistas. Como afirmó sin descanso Juan Pablo II, Europa será cristiana en el siglo XXI o, simplemente, no será. Porque lo provocativo del libro de Woods no es recordar que Occidente es cristiano, sino que es esencialmente cristiano.

    Max Weber, que no dudaba del papel de la religión en la sociedad, se preguntaba con fines metodológicos qué hubiese sido posible si los griegos hubieran perdido la batalla de Maratón, si el helenismo humanista hubiera sucumbido ante el martillo teocrático de Darí­o el persa. Hoy, dos mil quinientos años después, engañarse carece de sentido. Si el cristianismo no hubiese echado raí­ces y cobrado fuerza en Europa, ni la ciencia, ni la filosofí­a ni la literatura serí­an lo que hoy son. Y, sobre todo, la democracia serí­a un recuerdo de los pensadores atenienses.

    Hoy, de nuevo, los tambores de guerra asiáticos, la brutalidad llegada del Oriente, amenazan las fronteras de la ilustración y el humanismo. Queda por ver si el mundo que Woods retrata en el libro aguantará como aguantó la tropa de Milcí­ades en el año 490 a. C.

    Thomas E. Woods Jr., Cómo la Iglesia construyó la civilización occidental, Ciudadela, Madrid, 2007, 276 páginas.
  • Dios es amor.

    Hemos creí­do en el amor de Dios: así­ puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva.
  • La mayorí­a de los cristianos lo son porque sus padres también lo son. Vale lo mismo para musulmanes, budistas, etc. Aislar una religión de todo lo que la rodea y tomar la aplicación de la misma según el criterio que nos convega (tanto para bien como para mal) es una tarea que de cara a extraer una conclusión universal acaba resultando errática, más teniendo en cuenta el carácter feudatario de la cultura y la historia de la humanidad.

    Una persona podrá decir que la civilización occidental actual se desarrolló en una sociedad cristiana; pero otra también podrá alegar que esta último lo hizo sobre una base clásica y, en cierto modo, contestando a muchos de los principios tradicionalmente cristianos (no hablo de teologí­a reservada para cuatro, sino de praxis)

    Observando aquello que hay de común y diferente entre las diversas confesiones religiosas, pienso que lo que hace de occidente el mejor modelo social en la actualidad debe más a Pitágoras, Platón, Sócrates, Thales, Epicuro, Séneca, Aristóteles, Homero, Heródoto...y a sus abuelos que a Jesús de Nazaret y sus seguidores. Sin ánimo de ofender a nadie.

    Saludos
  • Me parece que la actual "superioridad" se debe mas que nada a las ultimas guerras y a los avances cientificos, ultimos que no tienen que ver con un modelo social. Como modelo social, occidente deja mucho que desear.
  • Igualamos a conveniencia cualquier cosa ya: progresismo y anticlericalismo, y a su vez el resultado con totalitarismo islámico. Ya puestos, ateí­smo es igual a comunismo. "Nosotros" encarnamos todo lo bueno: humanismo, defensa del libre mercado (los primeros en hacerlo, no los segundos), ciencia (también), educación, democracia, derechos humanos... hasta el infinito y más allá. "Ellos" son analfabetos aficionados de Gran Hermano, fanáticos con mochilas bomba, bárbaros medievales (¿lo de Galileo? Un affaire, así­ como los autos de fe, las persecuciones de judí­os y matanzas de hugonotes), bolcheviques subidos en tanques con la estrella roja de Stalin... ¿Qué más? Añadamos a la lista lo que se nos ocurra.

    Me pregunto además qué tiene que ver el humanismo helenista y la Batalla de Maratón (ocurrida en la Grecia de las polis cuatro siglos y medio antes de la aparición estelar de Jesús en el mundo) con el cristianismo.
  • Publicado por: pelepatatasObservando aquello que hay de común y diferente entre las diversas confesiones religiosas, pienso que lo que hace de occidente el mejor modelo social en la actualidad debe más a Pitágoras, Platón, Sócrates, Thales, Epicuro, Séneca, Aristóteles, Homero, Heródoto...y a sus abuelos que a Jesús de Nazaret y sus seguidores. Sin ánimo de ofender a nadie.

    Yo también lo veo así­. Que el cristianismo se quiera atribuir las virtudes de Occidente es de lo más peregrino. Occidente es heredera de la Razón, el método cientí­fico y el espí­ritu (auto)crí­tico, cualidades de las que adolece cualquier religión, no solo la cristiana.
  • Yo también creo que pesa más Grecia, Roma y la Ilustración. Y polí­ticamente hablando la Revolución Americana y la primera parte de la Francesa (antes de que Robespierre lo jodiera todo). Ahora vendrá alguien a decir que estaba todo lleno de masonazos criminales y todo eso... pero bueno, es lo que pienso.
  • penso igual. la diferencia esencial entre los paí­ses de occidente y los paí­ses árabes es que aquí­ hemos vivido o, al menos, disfrutado, las consecuencias de la ilustración.

    saludos
  • Se lo debemos TODO...

    Fue un invento del poder de entonces, Roma. De ese tinglado venimos, Por suerte o por desgracia el chiringuito todaví­a funciona. A aguantado ataques de bárbaros, árabes, otomanos y guerras civiles entre europeos.

    "Pero se mueve" como dirí­a Galileo.
  • Pitágoras, Platón, Sócrates, Thales, Epicuro, Séneca, Aristóteles, Homero, Heródoto... Roma, e.t.c. Yo creo que todos estos y todo esto sin el cristianismo habrí­a o serí­a horroroso.
  • Esta mañana he jugado con negras, pero ahora voy a poner un poco el contrapunto:

    El descubrimiento de América, el realizar la unidad fí­sica del mundo, un nuevo concepto de hombre libre, la igualdad entre blancos y negros en Norteamérica, la caridad, hallazgos cientí­ficos, hallazgos filosóficos, 34 cráteres lunares con nombres de jesuí­tas, la Reconquista, la creación de España, la reunificación de España, etc.

    Resulta tremendamente difí­cil hacer un juicio global sobre este movimiento, ya que en él han convivido tendencias antagónicas: inquisidores y grandes filósofos, gente al servicio del bien común y de la otra, gente que dijo que el ser humano tiene aproximadamente las mismas aptitudes independientemente de donde nazca o del color de la piel y, gente partidaria de los conceptos de raza superior y pueblo elegido, patriotas y afrancesados.

    En el laicismo también hubo movimientos ciertamente siniestros: comunismo, confederalismo racista en Estados Unidos, revolucionarios salvajes y, también, gente como Enrique VIII, gentes que bebí­an la sangre de sus ví­ctimas, etc.

    Pero la clave es otra: cuando los laicos hablan de "nosotros los laicos", yo pregunto: ¿y con qué movimiento se identifican concretamente?

    Luego hay una paradoja: los liberales disgregaron poderes universales y crearon estados fuertes, pero luego muchos movimientos cristianos están a favor de disgregar los Estados: ¿qué diferencia hay? Los laicos querí­an disgregar Norteamérica, algunos cristianos quisieron disgregar España: ¿qué diferencia hay?
  • ¿No será que si la civilización es una mujer, unos y otros en el momento en que no tocan poder o en que son descabalgados de él, la matan porque era suya?

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