Soy aficionado al ajedrez, es un juego en el que pocas veces hay trampas, por eso cuando las hay suele ser muy llamativo y por lo menos a mí, me da bastante morbo...
El otro día leí que hace poco, en una partida de un español (no recuerdo bien si era Illescas o Vallejo) contra Ponomariov era una lucha titánica: el español iba segundo y a medio punto y encima jugaba con negras, así que tenía que entrar a muerte si quería ganar el torneo...
El caso es que el español mostró un estilo bastante bueno de defensa activa y... en un momento dado pasó al contraataque, tomó claramente la iniciativa y, consiguió llegar a un final donde ganó un peón en condiciones ya muy favorables. Y cuál no sería su sorpresa cuando, el ruso puso el peón en otro sitio y siguió jugando la partida. Reclamó al árbitro y no le hizo caso, finalmente, el Comité de Competición escuchó la queja del español y le proclamó vencedor.
Realmente, la actitud del ruso fue de todo punto miserable... ¿No les parece?
Como miserable es la actitud del PSOE: es exactamente lo que ha pasado en el TC con los jueces y el Estatuto.
El PSOE llevaba medio punto de ventaja en lo del Estatuto, le bastaban las tablas para ganar el torneo, bueno, pues el PP limplamente le gana un peón y en vez de abandonar la partida y reconocer su derrota limpiamente, intentan ganarla por la puerta trasera reponiendo el peón que limpiamente han perdido. Tu lo has dicho: actitud miserabilísima, hacer trampas se nota un montón. ¡Efectivamente, Garcés!