Vamos a acercarnos a las raíces del Liberalismo, del que se sienten herederos los ideólogos del Partido Popular.
Descripción teórica y derivaciones prácticas del Liberalismo, según D. Félix Sardá y Salvany.
“En el orden de las ideas es un conjunto de ideas falsas; en el orden de los hechos es un conjunto de hechos criminales, consecuencia práctica de aquellas ideasâ€
“En el orden de las ideas el Liberalismo es el conjunto de lo que se llaman principios liberales, con las consecuencias lógicas que de ellos se derivan. Principios liberales son: la absoluta soberanía del individuo con entera independencia de Dios y de su autoridad; soberanía de la sociedad con absoluta independencia de lo que no nazca de ella misma; soberanía nacional, es decir, el derecho del pueblo para legislar y gobernar con absoluta independencia de todo criterio que no sea el de su propia voluntad, expresada por el sufragio primerio y por la mayoría parlamentaria después; libertad de pensamiento sin limitación alguna en política, en moral o en Religión; libertad de imprenta, asimismo absoluta o insuficientemente limitada; libertad de asociación con iguales anchuras. Estos son los amados principios liberales en su más crudo radicalismo.â€
“En el fondo común de ellos es el racionalismo individual, el racionalismo político, y el racionalismo social.â€
“En el orden de los hechos el Liberalismo es un conjunto de obras inspiradas por aquellos principios y reguladas por ellos. Como, por ejemplo, las leyes de desamortización; la expulsión de las Órdenes religiosas; los atentados de todo género, oficiales y extraoficiales, contra la libertad de la Iglesia; la corrupción y el error públicamente autorizados en la tribuna, en la prensa, en las diversiones, en las costumbres; la guerra sistemática al Catolicismo, al que se apoda con los nombres de clericalismo, teocracia, ultramontanismo, etc., etc.â€
“El Liberalismo práctico es un mundo completo de máximas, modas, artes, literatura, diplomacia, leyes, maquinaciones y atropellos enteramente suyos.â€
El P. Sardá define el Liberalismo como “racionalismo individualâ€, “racionalismo político†y “racionalismo socialâ€. Pero...
René Descartes pasa por ser el patriarca de la filosofía racionalista. Y es reconocido por todos como el iniciador filosófico del pensamiento moderno, que ya había ido levantando la cabeza con la revolución cultural renacentista. Hegel dijo de Descartes que era "el verdadero promotor de la filosofía moderna". Descartes, dencantado por la formación filosófica de corte escolástico, se sintió llamado a la misión de unificar todas las ciencias con el método matemático, pero haciéndolo extensible a todos los campos del saber. Con su "Discurso del método" (1647) exponía por vez primera ese método en el que él creyó hallar la clave para poder obtener evidencias.
Como primera regla del método, Descartes decidió tener por verdadero exclusivamente aquello de lo que no se pueda dudar, es decir: los objetos de intuición intelectual que él llama "ideas claras y distintas". Para conquistar esas "ideas claras y distintas" el primer paso es dudar de todo hasta hallar algo absolutamente indudable: el inicio absoluto del filosofar, del que por deducción (al modo matemático) se pueda obtener racionalmente toda la ciencia. Con la "duda metódica", por mucho que podamos distinguirla de la "duda escéptica", Descartes estableció la "crítica" como método filosófico, y este criticismo moderno se verá prolongado a lo largo de toda la modernidad, pasando por la Ilustración y teniendo en el siglo XVIII a Inmanuel Kant como exponente más conspicuo. El criticismo desembocará en esos tres filósofos llamados "maestros de la sospecha": Sigmund Freud, Federico Nietzsche y Karl Marx.
La filosofía moderna se monta sobre un supuesto: no hay evidencias, por lo que el hombre tiene que poner en entredicho todo cuanto parece evidente y, aplicando un método escrupuloso, alcanzar las evidencias por sí mismo, sin mediación alguna –se desacredita la fiabilidad de los sentidos y tampoco queda incólume la autoridad de las fuentes tradicionales: todo es cuestionado. La filosofía racionalista es un ímprobo esfuerzo de la Razón por criticar el mundo de la tradición. Kant definió la Ilustración como esa "mayoría de edad de la humanidad", lo que significa para el filósofo alemán que la humanidad ha alcanzado la capacidad de someter a crítica todo lo heredado, logrando así su supuesta emancipación de las estructuras tradicionales que la venían tutelando: "Sapere aude!"… Esto es: "Atrévete a saber" –fue el lema que Kant propuso como eslogan de la Ilustración; en definitiva, atrévete a dudar de todo para lograr certezas por ti mismo.
Pero, volviendo a Descartes, con ese punto de partida –la duda metódica- que es asumida como acto voluntario y fundamental, el filósofo francés construyó una filosofía radicalmente anti-humana, reduciendo la razón a razón matemática (lo que será tan duramente criticado –aunque no solucionado- por los vitalismos de Nietzsche y otros, como nuestro Ortega y Gasset.) Convencido de poder reconstruir todo con su sola razón, Descartes se propuso negar la veracidad de la experiencia sensible que es la evidencia inmediata: el conocimiento sensitivo. Pero, aunque su filosofía es anti-humana por prescindir del testimonio de los sentidos, paradójicamente su filosofía se torna en filosofía antropocéntrica, dado que al someter a duda todo aquello que no sea el propio y personal pensamiento, se hace del individuo el juez último de la verdad. La primera certeza que buscaba Descartes vino a encontrarla en el "Cogito, ergo sum" (Pienso, luego existo.) Es así que la Razón, el pensamiento, se constituye como centro, regla y medida de la verdad. El idealismo alemán tiene que ser comprendido como la consecuencia lógica del cartesianismo, pues, al derivar de Descartes, el idealismo alemán no sólo tiene a la Razón como centro, regla y medida de la verdad, sino que convierte la Razón en "productora de la verdad".
Descubriendo el ansiado inicio absoluto en la intuición inmediata de su propio pensamiento –la "res cogitans" cuya esencia es "pensar"- Descartes creyó que en el pensamiento estaba el "espíritu" y, fuera del espíritu, la materia –"res extensa". La materia –en el hombre, el cuerpo- fue reducida por Descartes a extensión: de las cosas materiales sólo tenemos una idea clara y distinta en cuanto son extensión geométrica; y a partir de ahí se fundó el error de la modernidad al considerar que materia y espíritu son opuestos –como si fuesen dos mundos que nada tuvieran en común. Descartes reelaboró el dualismo platónico en "dualismo ontológico", perdiendo de vista lo que tanto la materia como el espíritu tienen en común: el ser.
El falso dualismo espíritu-materia cartesiano inicia así las dos grandes tradiciones modernas: el idealismo (que considera la materia como un producto del espíritu) y el materialismo (que considera el espíritu como un producto de la materia). El materialismo mecanicista francés es deudor en ese sentido de una de las posibles derivaciones inmanentistas del pensamiento cartesiano, lo mismo que el idealismo alemán lo es de la otra. Con el empirismo inglés que se inicia con Thomas Hobbes y se prolonga en John Locke se anulan las diferencias entre espíritu y materia, pues las ideas universales (recuperando el nominalismo) no son otra cosa que nombres que damos a un complejo de sensaciones: conocimiento intelectual es igual a simple sensibilidad.
El empirismo se suele contraponer a la filosofía cartesiana, pero sería oportuno recordar que la supone. El origen de las diferencias entre empiristas británicos y racionalistas continentales está en la afirmación o negación de las ideas innatas. Los sistemas racionalistas (desde Descartes) tienen que afirmar el innatismo de las ideas, mientras que los empiristas (recuperando una metáfora empleada por Platón en su "Teeteto": la de la mente humana concebida como "tabula rasa") negarán que el ser humano venga provisto congénitamente de algo que pueda ser llamado "idea innata".
En esta filosofía –la racionalista- se basa el Liberalismo. Sobre esa falsedad es fácil erigir una sociedad en la que el indidivuo se cree autónomo, en virtud del flujo de su pensamiento, y reclama su emancipación por el solo hecho de "atreverse a pensar" por sí mismo... El Liberalismo consagra las libertades individuales, libertades que parecen consistir en renegar del ser, prescindir de la realidad y terminar pensando que, ante todo y sobre todo, somos "individuos" autónomos que forman sociedades sobre el "consenso", el "pacto" o "contrato social".
El liberalismo olvida que las sociedades no se fundan en ningún fabuloso "contrato social". El ser humano es un ser social por naturaleza. La sociedad en la que nace no existe en virtud de ningún plebiscito. Es herencia de siglos y siglos. Si se acepta el Liberalismo, hay que aceptar sus consecuencias. España no nació ni en 1978 ni en 1812. Creer semejante disparate es creer que puede cancelarse, en cualquier momento, el "contrato" por parte de cualquier región que forma España.