¡Vamos a celebrar el 80 aniversario de la generación del 27!
  • REDOBLE LENTO POR LA MUERTE DE STALIN
    I

    Por encima del mar, sobre las cordilleras,
    a través de los valles, los bosques y los rí­os,
    por sobre los oasis y arenales desérticos,
    por sobre los callados horizontes sin lí­mites
    y las deshabitadas regiones de las nieves
    va pasando la voz, nos va llegando
    tristemente la voz que nos lo anuncia.

    José Stalin ha muerto.

    A través de las calles y las plazas de los
    grandes poblados,
    por los anchos caminos generales y
    perdidos senderos,
    por sobre las atónitas aldeas, asombradas campiñas,
    planicies solitarias, subterráneos
    corredores mineros, olvidadas
    islas y golpeados litorales desnudos
    va pasando la voz, nos va llegando
    tristemente la voz que nos lo anuncia.

    José Stalin ha muerto.

    Va cruzando las horas oscuras de la
    noche,
    la madrugada, el dí­a, los extensos
    crepúsculos,
    todo lo austral y nórdico que
    comprende la tierra,
    y no hay razas, no hay pueblos, no hay rincones,
    no hay partí­culas mí­nimas del mundo
    en donde no penetre la voz que va llegando,
    la voz que tristemente nos lo anuncia.

    José Stalin ha muerto.
  • II

    (A dos voces)
    1. Padre y maestro y camarada:
    quiero llorar, quiero cantar.
    Que el agua clara me ilumine,
    que tu alma clara me ilumine
    en esta noche en que te vas.

    2. Se ha detenido un corazón.
    Se ha detenido un pensamiento.
    Un árbol grande se ha doblado.
    Un árbol grande se ha callado.
    Mas ya se escucha en el silencio.

    1. Padre y maestro y camarada:
    solo parece que está el mar.
    Pero las olas se levantan,
    pero en las olas te levantas
    y riges ya en la inmensidad.

    2. Cerró los ojos la firmeza,
    la hoja más limpia del acero.
    Sobre su tierra se ha dormido.
    Sobre la Tierra se ha dormido.
    Mas ya se yergue en el silencio.

    1. Padre y maestro y camarada:
    vuela en lo oscuro un gavilán.
    Pero en tu barca una paloma,
    pero en tu mano una paloma
    se abre a los cielos de la paz.

    2. Callan los yunques y martillos.
    El campo calla y calla el viento.
    Mudo su pueblo le da vela.
    Mudos sus pueblos le dan vela.
    Mas ya camina en el siencio.

    1. Padre y maestro y camarada:
    fuertes nos dejas, Mariscal.
    Como en las puntas de la estrella,
    como en las puntas de tu estrella
    arde en nosotros la unidad.

    2. Vence el amor en este dí­a.
    El odio ladra prisionero.
    La oscuridad cierra los brazos.
    La eternidad abre los brazos.
    Y escribe un nombre en el silencio.
  • III

    No ha muerto Stalin. No has muerto.
    Que cada lágrima cante
    tu recuerdo.
    Que cada gemido cante
    tu recuerdo.
    Tu pueblo tiene tu forma,
    su voz tu viril acento.

    No has muerto.
    Hablan por ti sus talleres,
    el hombre y la mujer nuevos.
    No has muerto.

    Sus piedras llevan tu nombre,
    sus construcciones tu sueño.
    No has muerto.

    No hay mares donde no habites,
    rí­os donde no estés dentro.
    No has muerto.

    Campos en donde tus manos
    abiertas no se hayan puesto.
    No has muerto.

    Cielos por donde no cruce
    como un sol tu pensamiento.
    No has muerto.

    No hay ciudad que no recuerde
    tu nombre cuando era fuego.
    No has muerto.

    Laureles de Stalingrado
    siempre dirán que no has muerto.
    No has muerto.

    Los niños en sus canciones
    te cantarán que no has muerto.
    Los niños pobres del mundo,
    que no has muerto.

    Y en las cárceles de España
    y en sus más perdidos pueblos
    dirán que no has muerto.

    Y los esclavos hundidos,
    los amarillos, los negros,
    los más olvidados tristes,
    los más rotos sin consuelo,
    dirán que no has muerto.

    La Tierra toda girando,
    que no has muerto.
    Lenin, junto a ti dormido,
    también dirá que no has muerto.

    Rafael ALBERTI
  • Habeisme de permitir esta modesta contribución a la extensión de la "curturah"
  • A Julian Grimau Garcia

    Ribellione militare ! Ma Dio, chi è stato il primo
    a insanguinare la povera patria che si risvegliava,
    chi la strappò alla madre e chi fu il carceriere
    che le incatenò l’anima in così lenta agonia?
    Ribellione militare! Ma dimmi, chi è stato l’assassino
    di ieri e che col tuo nome continua ancor oggi ad assassinare?
    Fulminalo, Signore, con la tua folgore divina,
    perché altrimenti, fino a quando, fino a quando, fino a quando?

    Rafael Alberti

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