No es el “miedo o la debilidad lo que ha salvado a De Juana, sino nuestro valor y responsabilidad de luchar por lo que creemos, que es el valor supremo de la vida†(la vida de sus amigos y cómplices, claro; la de los que no somos de su cuerda ya sabemos lo que vale).
Traducción: "No es nuestra valentía o fortaleza lo que ha salvado e De Juana, sino nuestra cobardía e irresponsabilidad dejándonos derrotar por aquello en lo que no creemos, pues damos un valor ínfimo a la vida (de los no iniciados en la masonería)".
¿Como lo ve, Meslier?, ¿no se entiende mejor ahora? No me sea tan generoso con esta gentuza. No se lo merecen, y además, es un espejismo. Le recuerdo que este gobierno que da un valor supremo a la vida es el gobierno del 11-M. Viendo como llevan el juicio, ya se ve el valor supremo que dan a las vidas humanas. Un valor ínfimo.
En cuanto a la génesis fraseologica progre, es un juego divertido, hasta yo puedo hacer frases progres con esa técnica:
Ejemplo de frase: "No es que España sea lo primero, es que es lo único".
Traducción para el mercado progre: "España nunca será lo primero, y mucho menos lo único". Es decir, aceptaré lo que decida el parlamento catalán...Esa es la única verdad -y a medias- que ha dicho zp. De ahí que en este caso no valgan traducciones inversas. La mejor traducción son los hechos y aquí nos hablan de que esa frase era una verdad a medias de zp.
Con todo hay una cosa que los que no han sido de izquierdas nunca entenderán. Y es que los izquierdistas AMAN a ETA. Unos la AMAN, simple y llanamente, porque comparten sus "ideales" de "justicia social", "libertad", "igualdad", etc.; otros la odian-aman (algunos sociatas que han sido sus víctimas, en sí o en sus familiares); otros aman-a-su-pesar; otros la aman-comprenden; otros quieren-amarla. En fin, es básicamente una historia de AMOR. Los izquierdistas, hasta que yo dejé de tener tratos con ellos, "entendían" muy bien que ETA matara "fascistas", incluso si lo consideraban "impolítico". Era una cuestión que alcanzaba al carácter. Dejar de AMAR a ETA exigía una reconversión total de la persona y no creo que la gente que sigue siendo de izquierdas haya generado un carácter compatible con el respeto de la vida humana.
A mí me exigió no sólo un cambio de ideas políticas, sino un cambio filosófico global y un cambio, igualmente, de relaciones humanas, incluso sexuales.
Creo que acabo de entender a Meslier (y miren que me ha costao).
Juzga a todos por su particular rasero, cualquier izquierdista es como Meslier cuando lo era. espejito, espejito ¿quien fue más cretino que yo? Y el abuelete se responde: nadie, todos son iguales como cuando yo era un imbécil. Todos son ahora imbéciles igual que lo era yo. Pero he visto la luz luego de muchos años de durísima catarsis (catarsis que aún sigue practicando, un pecador nunca se redime).
El problema del hombre es el problema del hombre en Meslier. Tal es su estupidez psico-cartesiana.
¡Pobre! Todavía no sabe que nació idiota e idiota morirá, sea comunista o mediopensionista.
La aman ahora porque les ha llevado a La Moncloa, la aborrecían antes, porque mataba sociatas: por eso hicieron el GAL.
Nota: en contra de la pena de muerte, (por el desorden que eso supone, no así porque correctamente aplicada sea injusta) pero De Juana y ZP merecen que un alma piadosa les clave una mortal estocada...
Si cuando Meslier era de izquierdas le hubiera dicho alguien lo que dice él ahora, hubiera respondido como lo ha hecho Sertress. La gente de izquierdas lo es por algo, por una convicción que deben tener y de la que yo carezco por no haber sido nunca de izquierdas; convicción cuya naturaleza desconozco, como es natural. Pero parece que tal convicción es muy profunda. Con seguridad deben pensar que si el mundo fuera como ese algo que tienen en mente, todos seríamos felices. Y se lo creen hasta el punto de entender, por ejemplo, que los gobiernos pueden saltarse las leyes a la torera, o modificarlas a su antojo y conveniencia, con tal de acercarse a ese bien común. El que no es de izquierdas, desde fuera, ve a la izquierda como algo que en cuanto toca poder hace su santo desmadre sin encomendarse ni a Dios ni al diablo. En pos de una idea que es la propia, cuya materialización hará feliz a quien más lo necesita y por extensión a toda la sociedad, dicen ellos. Eso también lo piensan los conservadores y los nacionalistas. Respecto a lo de ETA y los socialistas, escuché a Girauta decir que en la sede del PSC se celebró el asesinato del General Ynestrillas, motivo por el cual dice que abandonó el partido.
1. El resentimiento –la animosidad con que se sobrelleva a los otros– es un concepto sobre el que reflexionó ampliamente Friedrich Nietzsche. Quien se siente impotente, quien no puede hacerse a sí mismo, quien no soporta a los demás por su desenvoltura… se consume en su propia debilidad: un rencor interior que no sabe o no puede expresar. Todo le agota, le agosta. Espera rebajar a los otros y no les tolera su disentimiento o su orgullo de hacerse y ser diferentes. El resentido vive en la aversión de sí mismo…
He leído con sorpresa e incluso con estupor el artículo Longevidad del resentimiento, que Félix de Azúa publicó días atrás, artículo que mereció un par de respuestas durísimas, una de ellas de Miguel Veyrat: tajante, contundente, exacta. He releído el texto de Félix de Azúa y he quedado simplemente desconcertado por la inquina que dedica a tantos contemporáneos suyos, a casi todos nosotros, vaya. ¿Cuál es la clave de lectura? La izquierda española, la de hoy, pero también la de treinta años atrás, vive en el resentimiento de los majaderos, en la impotencia de quienes no saben hacerse a sí mismos sin experimentar rencor hacia los mejores. ¿Y quiénes fueron los mejores? Como izquierdista que fue, Félix de Azúa se lamenta por haber despreciado a Adolfo Suárez y a Felipe González; deplora su ceguera de tal; se flagela por haber creído en una ficción tóxica: el maoísmo.
Éramos jóvenes –parece disculparse– y ya se sabe que la juventud es un estado en el que se suele dar la exaltación algo bobalicona de lo simple, de lo rotundo, una exaltación hecha con empeño feroz. Félix de Azúa era joven, pues, y maoísta, seguidor o heredero, por tanto, de la Revolución Cultural. No sé si llegó a pertenecer a la Joven Guardia Roja o a Bandera Roja, que eran dos de las organizaciones revolucionarias que mayor prestigio alcanzaron frente al reformismo que encarnaba Santiago Carrillo. Al Partido Comunista de España se le veía como una entidad anquilosada, aburguesada, envejecida, frente a BR o la JGR, experimentos audaces de quienes querían cambiar las cosas de raíz, sin ataduras, sin concesiones, sin contemplaciones. Los maoístas de entonces se presentaban como lo que eran: jóvenes revolucionarios y, al igual que en el caso francés, eran la consecuencia izquierdista del 68. Impugnaban la democracia burguesa, las instituciones occidentales, etcétera. Eran, insisto, los jóvenes de entonces. ¿De entonces? Vamos a ver. ¿De qué fechas estamos hablando? Creo que en todo esto hay una maniobra narcisista y una confusión cronológica.
Veamos en qué consiste esa maniobra narcisista. Félix de Azúa habla expresamente de la Transición y, por tanto, sus nostalgias lo son de Adolfo Suárez o de Felipe González. Habría sido su juventud maoísta la que le habría llevado a repudiar alocadamente a quienes eran políticos de talla, sensatos, prudentes. Hasta aquí parece todo muy correcto y autopunitivo. Pero si nos fijamos bien hay un problema de cronología: mejor dicho, Félix de Azúa incurre en un anacronismo con el que creo que quiere salvarse. La lógica de este procedimiento la he visto empleada en algunas memorias o autobiografías. Para dar fuerza y sinceridad a la evocación de la propia vida no hay nada mejor que ser inmisericorde con uno mismo o, mejor, con lo que fuimos. Si censuras con crudeza lo que fuiste, si te das un severo rapapolvo por lo que hiciste, entonces la autenticidad del recuerdo pasa sin mayor problema y parece responder con fidelidad al pacto autobiográfico que estableces con tu lector. No puedes mentir, enredar o confundir cuando la evocación de ti mismo es tan extremadamente dura. Y, sin embargo, ese procedimiento tiene truco: si te condenas por lo que fuiste acabas reflotándote por lo que ahora eres, de modo que siempre te salvas en presente. Cuando fuiste maoísta te enorgullecías de serlo; ahora que ya no lo eres te enorgulleces también. Es un procedimiento de narcisismo que no entraña un auténtico autoanálisis, porque la inspección sólo sirve para preservarte en cada instante que estás viviendo en presente.
En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancólicos
borrachos de sombra negra,
y pedantones al paño
que miran, callan, y piensan
que saben, porque no beben
el vino de las tabernas.
Veo que la lectura de Azúa le hace más creíbles mis palabras. Pues, efectivamente, lo acabo de leer. Era así. Como él dice, "si los nuestros hubieran ganado" esto habría sido Pol Pot. Gracias a que González no era rojo (como él dice). Este tipo de ahora dice ser rojo, y se queda tan campante. Es como era Azúa o como era yo (y tantos otros). Por eso AMA a de Juana Chaos (por eso AMA "la vida", dice él; la vida de los asesinos en serie).
Dice Azúa: "¿Por qué entonces Zapatero no puede con unos adversarios desdentados como los del PP, y una ETA a la que ya sólo apoyan los caseríos y ni siquiera todo el PNV?". Y contrapone a Suárez y González, que "nos salvaron de nosotros mismos"
Mi contestación es: por lo que él dice, porque es rojo, y yo sé lo que es ser rojo; Zapatero AMA a ETA y por aquí, los socialistas de base con los que me rozo, también (por eso AMAN a Zapatero).
Excelentes consideraciones las de Serna, muy bien traído Rafer.
En España, los antiguos izquierdistas se vuelven más radicales luego que nadie. Debe haber algo en el carácter español que hace equivocarse apasionadamente, como un cabestro, entrando al trapo, vendiendo siempre todo lo que queda del sentido común.
Cuando leo a estos Azúas, Espasas ( ahora escribiente en el inmundo,para su infamia ), Juaristis, etcétera, siempre me pregunto cómo es posible que tengan tan poca vergüenza intelectual, tan poco afán de saber y de construir. ¿ Cómo es posible que, biográficamente al menos, no hayan aprendido nada y se dediquen a balancearse eternamente de un sistema cerrado a otro, penduleando espasmódicamente, sin caer en la cuenta de que QUIZÁ, y sólo quizá el problema sea suyo y sólo suyo ?
André Glucksman, en Francia, es el prototipo asimismo del intelectual que ha hecho un viaje de vuelta del izquierdismo a lo que podría llamar en su caso el humanismo liberal ( muy filomasónico, por otra parte ). Sin embargo no se encuentra en él ni la mitad de las híperboles, de las declaraciones bombásticas, del gusto barroco por la exageración y la falacia que enferma a buena parte de los antiguos intelectuales izquierdistas españoles.
"Cuando fuiste maoísta te enorgullecías de serlo; ahora que ya no lo eres te enorgulleces también. Es un procedimiento de narcisismo que no entraña un auténtico autoanálisis, porque la inspección sólo sirve para preservarte en cada instante que estás viviendo en presente".
¿Deberíamos, por tanto, seguir siendo rojos?
Más bien entiendo que pretende condenarnos a los ex-rojos al ostracismo, pero esa institución ya no existe. Puede que responda a sus deseos, pero se queda en eso.
Por otra parte la búsqueda del "contento de sí mismo" es universal, salvo que se practiquen las virtudes cristianas del arrepentimiento y la auto-humillación y el sometimiento del cartujo, pero, ¿y si no se es cristiano?
Usted me recuerda al aristocrático inglés que le reprochó a Koestler haber abandonado el comunismo.
Del yo, me, mí, conmigo, hacia un universo monocromo y bastardo. Un sistema de lazo cerrado que se autoalimenta, como bien dice Faras. Han inventado el móvil perpetuo de primera especie.
Es que tenian razon antes y tienen razon ahora, y si mañan dicen que es el Sol el que se mueve, tendran razon tambien. Cuando llevas una miserable pareja de cuatros y estas desesperado, para ganar hay que apostarlo todo y poner cara de que tienes una escalera real. Eso les ocurria antes, les ocurre ahora y les ocurrira mañana.